Me subo el largo de la falda y me instalo detrás de la gasolinera, siempre que la decadencia así lo aconseja.
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sábado, 18 de junio de 2016

V de emboscada




Hoy vengo a darlo todo por el Viento
[me imagino a dios quitándose del moño
las horquillas ardientes del demonio
que, en clavándose mal, tajan su aliento]

Ese loco, de melenas hambriento,
que revuelve las hojas en otoño
y en lo mejor (profundo) de tu adobo
te mete un par de dedos, tan atento.

Menudo hijo de puta trascendente
que revuelve la sopa de tu entraña
y una mierda le importan tus clientes.

A todos nos embaucas con tus mañas
contigo no hay soneto que cimente
Eolo, ¡vida mía!, no me extraña.













martes, 10 de diciembre de 2013

C de Camaleónica



Compañera cuando desfibrilas a octubre en un arrebato de nostalgia.
Costurera cuando se te dan de sí los ojales del pijama de verano.
Puta cuando se te enquista la cama y hay que sajarte el deseo.
Enfermera cuando hay que lamerte el sudor sin dejar huellas.
El muñequito de la novia en tu tarta de tal cumpleaños.
Vecina cuando te quedas sin sal para los puerros.
Institutriz cuando tus hijos se van de casa.
Enemiga cuando me toques los cojones.
Juez de línea cuando te metes una raya.
Bastón cuando te fallan los cimientos.
Dama cuando ganas las elecciones.
Ensalada de tu menú del día.
Micrófono cuando la afonía.
Madame cuando amanece.
Lobotomía de tus miedos.
Partera de tu niño interior.
Madrileña por tu mundo.
Katiuska cuando llueve.
Tu mesilla de noche.
"Y" cuando copulas.
Sal de frutas.
Camaleón.
Zorra.
Niña.
Yo.






jueves, 23 de mayo de 2013

D de Oye, que te desnudan a la hora del aperitivo y no opones resistencia


Separábanos una columna de distancia.
Yo sentí de repente una llamada de atención que me puso la típica abstracción del pincho de tortilla por corbata. Y ni siquiera me hizo falta pedir turno para saber de dónde provenía.
Estaba al otro lado de la barra, acompañado de tres hombres grises que charlaban de negocios.
Golpeó primero mi cabeza -que el calor empieza a veces por arriba- pero no como se acostumbraba antaño en la caverna, sino con el falo de su mirada. Mirar con deseo es todo un arte.
Repasó los contornos de mis curvas esenciales, comprobando que los trámites necesarios fueron correctos en su día, y me aprobó de una ojeada. Contaría los botones de mi blusa unas tres veces, antes de decidir que el tsunami empezaría por el centro.
Que la charla circundante no le interesaba lo más mínimo lo supe cuando, tomando un sorbo de su copa, me clavó sus dos niñas en los ojos. Y empezó a acariciarme la melena, deslenguado, entretenido. Se detuvo en las orejas, en los labios, pero estaba decidido a escamondarme entera.
Le sobraba mi chaqueta, que quitó caballeroso y arrojó con furia contenida; mi falda le estorbaba y bien sabía él cómo se bajan cremalleras sin mover una pestaña. Durante dos minutos me imaginó las bragas del color de su Rioja y el corazón chorreándole en la boca.
Una vez me tuvo bien desnuda en su cabeza y en sus babas, apuró los restos que quedaban de su informal reunión de trabajo y escribió algo en una servilleta de papel. Mi tortilla de patatas se enfriaba.
Al salir, plantando su manaza en mi cintura, dejó el balance de situación dentro de mi cerveza y se fue gritando ¡Viva España!

                  "La primavera será lo que quieras, pero zorras hay muchas por el mundo"

                                                Llevo la nota cosida a uno de mis tangas.


lunes, 22 de abril de 2013

CH de qué tiempos aquellos...

...En los que aprendíamos el abecedario con la che y el chocolate de la merienda no nos parecía ni siquiera el preludio de las hostias que vendrían después, cuando pasamos a merendar mierda en papel de plata. Tiempos cada vez más lejanos en que estar de cháchara con tus amigos en el parque no tenía nada que envidiar a las serias conversaciones que mantenemos ahora con nuestros jefes, nuestros hijos, nuestros clientes o nuestra puta madre. En los que abrochábamos parkas, las brochetas eran exóticas, nos seguía acechando el miedo al futuro, merendar sandwiches era de pijos, presentíamos que las alchachofas no nos iban a gustar nunca, las chanclas formaban parte del uniforme de verano, la chusma nos parecía bien lejana y sólo los jefes de Estado llevaban chófer.

Parece que lo estoy viendo: los mayores se sacaban por entonces las chequeras de la americana y firmaban sueños, lo más cerca que veíamos a los chinos era en alguna película de Jackie Chan, los checoslovacos nos parecían unos pringaos -por elegir a algunos-,  los chef eran los cocineros de toda la vida y si la ocasión era propicia, intentábamos subirnos a la chepa de nuestros padres, con desiguales resultados dependiendo de la hostia que te hubieran chiscao en osadías anteriores.

Llevábamos chubasqueros marca blanca, la chatarra daba dinero, lo "chachi" nadie osaba inventarlo todavía,  estudiar chelo sólo estaba permitido en el extranjero, los chalés se empezaban a poner de moda en la sierra como segunda vivienda y para jugar a inventar nuestra propia vida construíamos chamizos en los descampados a los que nos dejaban ir a jugar solos.
Los churretes por la cara y las piernas eran coronas de laureles que nos colocábamos cuando terminábamos de escacharrar a los de la pandilla enemiga con piedras y palos, las chachas eran nuestras madres y que no se te ocurriera faltarles el respeto, y los chuletones eran comida de ricos.
Chapurreábamos palabrotas en inglés, chupábamos paloduz, los mayores chingaban y como te descuidaras, te disfrazaban de chulapa a la primera de cambio.
Los higos chumbos, los chimpancés, Chanquete y los chantajes, merecían tardes aparte.
Eran tiempos de a, be, ce, che, de.
Y como se te olvidara, de reglazos en los dedos.



miércoles, 10 de abril de 2013

B de Bájate las bragas tú

Me cansa recoger bragas de suelos extraños que no paseo más que en noches de imperiosos encontronazos vitales. Cuando están tiradas por el piso son el símbolo de la urgencia del amor, da igual que sean sexys, atrevidas, elegantes, picaronas, sobrias, de pantera, con sabores, sensuales o aputanadas. Las bragas caídas en una moqueta desgastada son un otoño inesperado, aunque se folle en junio. 
Desde que a una le hacen el primer desgarro en la parte izquierda del pecho -perdiendo así la virginidad de la víscera- las bragas pasan a ocupar el segundo plano que tendrán ya siempre hasta el fin de tus días, pues una vez descubierto que no protegen, sino que incluso estorban, hasta te permites el lujo de ir a veces sin ellas al curro.
Y cuando llega el momento crítico, asimismo te molestan. Chico, yo qué sé, parece que te queman y a la vista de los machos se vuelven invisibles, no existen, las ignoran. A tomar por culo las bragas y las interminables horas que te has pasado recorriendo tiendas para buscar unas que te queden bien cuando llegue el momento del amor, como nos gusta llamarlo en las fiestas de pijamas. Ellos no se paran a recorrerlas suavemente con los dedos, ni a acariciar el tacto que tienen, ni a observar cómo adornan tus caderas. Si la mujer pudiera aparecer en pelotas de repente en lo más caliente del combate, ahorrándoles trabajo, nos abandonarían menos. Yo una vez hice el amor con la condición de que se hicieran valer mis bragas y de que, al menos por un buen rato, hiciéramos notar ambos su presencia de forma animal pero educada. Nunca supe si llegó a gustarle o le pareció una idea vanguardista, terminó perdiendo mi teléfono.
Si alguna vez diéramos con un hombre que se recree por iniciativa propia en nuestras bragas antes de atacar, deberíamos tratar de conservarlo en nuestra agenda, hacerle un huequecito en nuestras vidas y cocinarle leche frita fuera de temporada.

Bajarse las bragas es un acto obsceno, de hembra pura, y hay que saber hacerlo con estilo para no caer de bruces en el polígono más cercano. Nadie se atrevería a enseñar sensualidad en los colegios, ¡que sean autodidactas, coño, y nos sorprendan! (pensarán). Siempre puedes sentarte y arrastrarlas escondidas en los vaqueros, y en ese caso, me da a mí la sensación de que te quedas desnuda antes de tiempo y les damos la razón a los impacientes antes mencionados. O también queda la opción de dejarlas puestas, en plan "a ver qué pasa", pero corres el riesgo de que te las quiten ellos y suele ser peor. Arrancar bien unas bragas sólo es un éxito si él es actor y tiene experiencia demostrable.

Dejadnos pasear por vuestras camas con las bragas puestas. Degustad sus transparencias, sus encajes, sus blondas y puntillas. Amasadlas con la lengua una semana entera, intuid lo que allá abajo esconden, disfrutad de su barrera, que siempre hay premio.
No hay nada más triste que recoger unas bragas después de follar con un apuesto desconocido que nunca dejará de serlo. Yo últimamente ya ni me las pongo.

miércoles, 13 de marzo de 2013

A, de "A que me vuelve a pasar..."

                              
      

A que me vuelve a pasar que avanzo a destiempo, que almaceno abanicos de escayola, que acaparo atenciones que no me pertenecen, que abdico en favor de mis varices, que apadrino otra cebra, que aumento las bolsas de mis ojos a base de nochenvelas, que acredito mi buena cuna mordisqueando chupetes de azúcar, que arranco la moqueta de la próxima habitación de hotel en la que me desfloren, que apisono el parqué, que armo la de San Quintín en mis bragas, que ausculto crucifijos, que abro las piernas antes de que abras tú la cartera, que acaricio suavemente la espalda de mi asesino, que articulo palabras ininteligibles cuando me nombran Miss Ensenada Mortal, que abogo a favor del chocolate como cemento hidráulico.

A que me vuelve a pasar que abandono a los hijos que ya no voy a tener en cualquier bidé de carretera, que apaciento colchones ajenos y los saco a pasear los domingos, que alquilo mi coño por días, que abrazo herejías, acoto los márgenes y achaco todas mis arrugas al cambio climático.

A que me cago en la puta.