Me subo el largo de la falda y me instalo detrás de la gasolinera, siempre que la decadencia así lo aconseja.

martes, 4 de marzo de 2014

Por el monte de Venus las sardinas...

Mira, estoy hasta el coño de los libros. 
Tan silenciosos, tan inactivos, sin musiquita ni hiperenlaces, sin posibilidad de encontrar una frase que te había gustado doscientas páginas atrás. Tan mosquitas muertas, sin hacer nunca un reproche, ofreciendo lo mejor de sí mismos sin pedir nada a cambio, tan falsos.
Con su formato anticuado, unas hojitas cosidas o pegadas y dos tapas de cartón. Interpretables, subjetivos, me pone de los nervios que cada uno pueda entender a su aire lo que dicen. Con ese color parduzco que van cogiendo según les pasan manos por encima, imperturbables, dejándose poner la manzana en la cabeza siempre que tengas ganas de fiesta. Con su olor a tinta vieja, caducado, vestigio de otras cavernas.
Qué asco, los libros, ocupando vacíos que podríamos llenar con preservativos y con babas, decorando paredes y sirviendo de peanas siempre que necesitas ponerte de rodillas para chuparle la polla a la vida. Invariablemente afables, amoldándose a tus estados de ánimo, qué náusea, sin roncar por las noches cuando descansan en la mesilla, sin agobiarte con sus abrazos, y evitando mostrar su decepción cuando los castigas con tu indiferencia. Confesores educados, silentes pizarras de escuela, humildes DJ's, amantes perfectos, qué hastío, por dios, sin criterio ni opinión, que no te juzgan así te estés muriendo de sopor, te follan por detrás sólo cuando te dejas, te hacen soñar, canalizan tus emociones sin pedirte 50€ al terminar la sesión, panaderos de las vísceras, trashumantes, qué empalago, virgen santa.

Hablad, pinchadme música, transmitidme un mensaje, una señal, una lección de vida, ¡algo!, ubicadme cuando me sienta perdida, ayudadme a desconectar de la rutina, provocadme cosas, joder. Llamadme desde la estantería, ponedme rojos los ojos, haced que sienta miedo, rabia, deseo. Acompañadme cuando más sola esté, ocupad mi maleta, contadme historias de amor que yo no vivo, causadme risas, bautizadme, que estoy hasta el coño de vuestras vidas muertas.
Que soy vuestra.