Me subo el largo de la falda y me instalo detrás de la gasolinera, siempre que la decadencia así lo aconseja.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Copy [all] right.



Déjales que te plagien, hija, así practiquen el arte de la lectura, al menos. Que se fijen bien en las emes y las bes, y que sean capaces de reconciliarse con las tildes. Que se aprendan el abuso de los adverbios terminados en mente, aunque nunca entiendan si te refieres al cerebro o al sufijo. Ojalá lo confundieran con la hierbabuena y se inventaran palabras que puedas copiar tú para hacer una rica sopa de invierno.

Que comprendan por fin que el destino siempre va unido a cada uno y no les dé miedo separarlo cuando duden, que se acuerden de Cervantes, de Jiménez, de Unamuno, aunque sea para cagarse en su puta madre. Y que no se olviden de la muda, que es la única que dignifica al Hombre.
No sufras, hija, sólo imitan las letras y tampoco hay tantas. 
Podrán escoger las que tú escoges y agruparlas en el mismo orden, pero nunca podrán apropiarse de tus vómitos, de la fresca manera de proferir arcadas con los dedos, ni de los relámpagos que engalanan tus tormentas cuando menos te lo esperas.
Contar los mismos chistes no es delito, ni repetir jerigonzas o chascarrillos. Se podrá calcar el aforismo, el apotegma o la ocurrencia.
Domeñar metáforas es otra cosa. 
Condensar la esencia del ingenio en una sacudida eléctrica sobre fondo blanco no lo sabe hacer cualquiera.
Que copien, hija. Que copien letras. 
Tú escribe.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Las sesenta y nueve sombras del grey.

Que os dejáis llevar por el gris, que yo lo sé.
Que se os mete por debajo de los pantalones y os contrapesa el cerebro, y os termina pringando la cenicilla que deja al serpentear por vuestras rodillas y vuestros glúteos, mientras miráis la vida pasar sin hacer nada para follárosla despacito, qué remedio, es todo tan gris...
Que os abrís las gabardinas, si supierais lo que significa eso, para que os cale bien dentro el gris, con toda su gradación de blancos y negros, a los que estáis más que acostumbrados por pura vaguería, quién no piensa que es mejor odiar o amar locamente, con todas las vísceras a un tiempo. Menuda big band sentimental estáis hechos...
Que os sentáis a la mesa comiendo en gris, masticando ensalada de apatía y tomate, desidias a la plancha con guarnición de vacíos y, de postre, un plátano gris que os coméis sin gracia, sin hacer monerías, sin ser capaces de imaginaros siquiera que os estáis comiendo un buen rabo.
Que os dejáis llevar por el gris los lunes, los domingos, los viernes por la noche, que os da igual el día. Que a lo mejor en verano lo veis todo un poquito más gris caldoso, la pena es que no siempre es verano, claro, ni siquiera en agosto. Que os parece gris trabajar, vendimiar, ver la tele, montar muebles de Ikea, comprar cacao soluble barato, barajar opciones, sufrir por amor, rellenar croasanes o encuestas, llover, idealizar miradas, mear las paredes, despiojaros mutuamente y freír sardinas.

Pero que os dejáis llevar mal.

Que mirar gris es bello, y respirar gris también. 
Que somos grises y -de tarde en tarde- si llueve manso, arcoíris.
Y bien bonitos.

martes, 9 de octubre de 2012

Última fuerza de voluntad.

Como algún día llegará el momento y no podré estar organizando, quiero dar instrucciones imprecisas -más bien ideas- para esos patéticos momentos en que uno fina ya, más solo que otra cosa, mientras espera tierra o  llamarada.


Si la hora de la muerte lo permite, y el tiempo o la desgracia no se han cebado demasiado con mi cuerpo, tenedme a la vista. A poder ser con mi chupa de cuero y los pitillos negros. Cambiadme las frases del tipo "si parece un ángel" por las del "menuda zorra estuvo hecha". Espero que mis padres ya no estén para escucharos.


Poned una foto grandota de mi rostro presidiendo. Pero de cuando estaba en lo mejor de la vida. Elegid una que me sitúe entre los 34 y los 45 años de edad, presiento que habrán sido los mejores.

Organizad bien el tema del sonido. Las canciones que han de sonar cuando todo esté más animado tienen que parecernos la antesala de la gloria, no sólo a mí, también a vosotros. De entre todo lo que me conmueve, seguro que habrá algún tema que os haga agitar los pies o incluso cantar. No os cortéis. Me gustaría que -si apeteciera- los presentes expresaran sus sentimientos a ritmo de "Back on top" o "Private dancer". Si todavía se recordara lo de bailar agarrado a otra persona, adelante, hacedlo debajo de la bola de cristalitos que dará vueltas todo el rato.


En las mesas que habilitaréis para tal fin, no habrá de faltar comida ni bebida. Despedirse de un ser querido puede llegar a ser agotador. Que nadie eche de menos las lentejas, ni las sopas de ajo, ni los espárragos, ni la tarta de queso, ni la fruta, ni el gin tonic o el cubata, ni las frescas ensaladas, la paella, las patatas riojanas, la merluza a la romana o las alitas asadas. Y no olvidéis a los niños: piruletas, risketos, conguitos, algodón de azúcar y carracas.


Si hiciera mucho tiempo que no veis a personas que se reúnan allí en tan fatídico momento, me gustaría que no ocultarais la alegría de encontraros, que os dierais sonoros besos y efusivos abrazos, palmeando espaldas si fuera necesario. Nada me sabría peor que sentiros cohibidos por el triste motivo de que yo ya no pueda estar en vuestros brazos para compartirlo.
Si por el contrario mi último trance sirviera para reencontraros con alguien a quien odiáis, no seáis tercos. Puede ser un buen momento para reflexionar sobre la duración de este viaje y lo poco que compensa un rencor mal gestionado. Vosotros mismos. A mí igual me dará ya.

Cuando llegue la noche, si algún valiente decide quedarse por no dejarme sola en esas últimas horas, en la cajita redonda de lata que ha estado todo el día en una esquina de la mesa encontrará marihuana de la rica, de la que hace reír. Y las cartas y el tapete. Que la soledad de lo negro es muy larga.

Y en el momento de bajar la tapa, despedíos con los matasuegras y las serpentinas que contienen las bolsitas esas que se os entregarán cuando lleguéis a la fiesta, y que no sabíais muy bien para qué servían.
Si no se pueden evitar las lágrimas, que sean compensadas con muchas caricias entre vosotros.
No me recéis. Haced una ronda de vuestros mejores tweets para disfrute del público en general. Comentad alguna anécdota que hayamos vivido juntos, algún poema, un deseo, algún secreto si tenéis huevos.
Ni finjáis ni os reprimáis, por dios os lo pido.
Un placer haberos conocido.

Lo que hagáis con las cenizas me la sopla.

martes, 25 de septiembre de 2012

Otonio.

Sobrevaloremos un rumor de hojas aún verdes y subámosle una rayita a la rever de esta melancolía incipiente.
Cambiemos las barbacoas por las botas y los bronceadores por algún eufemismo antiarrugas.
Decoremos los cristales de las ventanas con momentáneas gotitas del sudor de un último polvazo.
Canalicemos todas nuestras esperanzas en un cuello vuelto.
Argumentemos sin decoro que lo gris nos pone más tristes de lo normal y que somos capaces de ver animales mitológicos en las formas de las nubes.
Saquemos a relucir los recuerdos.
Agüemos los amores de verano.
Reconciliémonos con el sofá, esa zorrita.
Apretemos para que ya sea otoño.
Rápido.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Miss Catalonia

Yo una vez quise ser independiente.
Adueñarme del espacio de los que se acababan de ir, decorar las paredes con mis bragas, cuestionar las moralejas, llegar a una hora inconveniente, explicar las cosas a mi manera, abofetearme fieramente con el colorete, subirme la falda hasta cotas insospechadas, desdeñar los clavos más calientes, manifestar mi sabiduría sin esperar a que me preguntaran, argumentar con conceptos recién descubiertos, inventar currículo, escalar a unos tacones recién abandonado el chupete, retar a un duelo a las vecinas, cartearme con desconocidos, ir a comulgar nada más cometer el pecado, mover los labios mientras el rosario, conducir sin carné, descubrir rutas alternativas, probar sabores nuevos, abrirme de piernas, amenizar cotarros, meter una mayoría de edad en una urna transparente -¡transparente!- prender fuegos a mi aire, catapultarme a la fama, escribir mi nombre mientras meaba y raparme el pelo.
Pero llegó un día mi madre y me metió una hostia sin mediar palabra.

Ahora soy muy independiente.
Tengo mucho espacio vacío deseando que lo llenen casi todos los que se han ido, las paredes son de gotelé, utilizo masivamente los refranes, me faltan horas, no sé explicarme, me maquillo discretamente, siempre llevo los pantalones en mi casa, me agarro a cualquier madero que flote por el río, hablo poco, me quiero jubilar, sigo subida a los tacones, no conozco a mis vecinas, intercambio letras con desconocidos, ni comulgo ni trago, me gusta conducir, siempre hay rutas alternativas, el sabor, clásico, me abro de piernas menos de lo que me gustaría, los cotarros me aburren si hay más de dos personas, ya no voto, el calor excesivo me agobia, intento pasar desapercibida, meo sentada y me pinto el pelo de colorines siempre que los desengaños así lo sugieren.
Es cierto, madre. Para qué tanta prisa.

miércoles, 22 de agosto de 2012

La catarsis que no me dais.

Siempre quise tener un tomate por corazón, que se convierta en el órgano principal de mi ensalada campera.
Así de claro os lo digo, mientras clavas -espejo- mi pupila en mi pupila azul.
Y por si quedaran dudas, practico por las noches con la sal y la pimienta, que el tomate no escuece y se respeta lo rojo.
Tendría que estudiar un módulo de horticultura, que se me ha olvidado ya cómo se lleva la pamela y el delantalito blanco de coger fresas. Pero estoy dispuesta a aprender rápido, para que lo único que me puedan hacer cuando me vuelva a cruzar con los caníbales del sexo sea, como mucho, un zumo.
Con las aurículas bien laqueadas (para que parezcan chinas) llenaría la planta alta de pequeños cajones estancos, y cuando tuviera que pegarle fuego a uno de ellos, los otros seguirán latiendo independientemente y a su ritmo.
Cambiaría la sístole por algún conciertillo callejero y repartiría canapés de pisto cuando la diástole. Bombear ketchup nunca fue lo mío.
Cuando quisiérais escuchar mis ciclos cardíacos tendríais que aguzar, más que el oído, la lengua, de lo sabrosos que me iban a salir. Para hacer un buen gazpacho hay que escaldar muy bien el pericardio.
Y si en algún momento alguien pensara que está lo suficientemente maduro como para pegarle un bocado, arrancándolo sin piedad de la mata, lo paro y punto.
Para la tomatina ni pienso llamaros.

jueves, 28 de junio de 2012

Gastralgia vital.

El cielo sigue sucio. El de mi boca.
A veces hace falta un paladar de repuesto para vomitar enterita la vida.
Pero lo peor no es el regusto ácido que queda después de la convulsión. Ni la sequedad de la lengua, que pareciera papel del Estado. Que se te queda triste y acurrucada detrás de los dientes.
Ni tampoco la tirantez de los labios, en rictus jaranero, para simular que no pasa nada, que ya estás acostumbrada, pues que vaya bulimia que es la existencia, que ya lo sabemos, que esto se pasa y que pronto volverás a atiborrarte de lentejas.
Lo peor tampoco es la flojedad consecuente, ese desmadejar de coyunturas que te hace desear durante las siguientes horas unos hilos que te manejen vivo, quién lo iba a decir.
Ni los calambres del vientre, dado la vuelta, desahuciado, citado como testigo de cargo.
Lo peor es que cuando ni siquiera se te hayan pasado los primeros síntomas, ya sabes que tendrás que seguir chupándole los pezones  a esta zorra para llegar al mes siguiente, y que unos días sabrán amargos y otros dulces.
Y mientras tanto cicatrizan las mucosas y hasta la siguiente náusea.

domingo, 24 de junio de 2012

Yo confieso.


No es miedo.
Es otra cosa.
Es...
Es pánico.
Gracias.