Me subo el largo de la falda y me instalo detrás de la gasolinera, siempre que la decadencia así lo aconseja.

jueves, 28 de agosto de 2014

Menos ciegos y más citas

Nos habremos dicho nuestros nombres por whatsapp después de chatear como Nerea33 y UnodeTantos un par de noches, siendo generosos con las coincidencias, el interés mutuo y la cantidad de alcohol ingerido mientras tanto.
Conocer a una persona tiene hoy el encanto de la tecnología, y sus rutas son inexorables: del anonimato, a la cercanía del emoticono, y de la voz distorsionada por el micro del smartphone, al shock de tenerla delante.
Las citas a ciegas pueden ser un modus vivendi solo si aguantas sus pollazos: la tensión de la ruleta, el encanto de comerte de un enorme ñamñam las expectativas del éxito, la delicatessen del morbo. Esa sensación previa de llevar grabado un «voy a tener potra» en la frente mientras buscas con la mirada una camisa negra y unas gafas hipster. Esos minutos interminables en los que deseas fervientemente que cuando escribió correctamente a gusto no fuera fruto de la casualidad o del corrector ortográfico, y esté convencido realmente de que se escribe separado. La inquietud del ojalá, por favor, que sea ese tan guapo que está apoyado ahí en la entrada de la FNAC y a quien le acaba de dar un beso la zorra esa, zorra, hija de puta, pues entonces cuál es.
...ojalá esos minutos fueran eternos. Ese cosquilleo. Ese tonto desasosiego. Que no pare nunca la tragaperras de girar los ojitos, que el azar te baje las bragas lentamente, y no se pase never la emoción del momento. Ese momento previo a que se plante delante de tus napias un señor que coincide más o menos con lo que te habías imaginado, y ofreciéndote un cubo de agua fría te pregunte si quieres que llame a los medios mientras te la echas por encima o si te la vas a beber.
Pero todo pasa. Ya le tienes delante y aguantar el tipo es un arte. Quién ha dicho que la cortesía hoy no está de moda. Siéntate aquí en esta terraza está bien, sí, te gusta, es perfecta para empezar a conocerse, y cuéntale por qué estás allí, qué buscas, quién te hizo daño, a quién votas, por qué dios te ha abandonado, los dientes de leche que guardas en la cajita de nácar, si has traído condones, a qué hora entras mañana, lo que opinas del pulpo a feira, si tienes miedo, cuánto mides descalza, que tuiteas compulsivamente, tus divorcios y sus causas, por qué prefieres una piscina de olas para suicidarte, cuántos kilómetros os separan, la talla de los brackets, si te gusta leer, pregunta el pavo, tu malestar favorito, la excusa más votada, si el cuscús con cordero o con verduras, la emisora que escuchas, el ritmo que más te gusta, cómo te imaginas la menopausia y por qué no montas una pyme.

                                      Pregúntale lo mismo, que vea lo que jode.

Beberemos y comeremos juntos y nos empeñaremos en pagar a medias. Que se nos salga la paridad por las orejas, mi vida, que tú no lo sabes aún, pero ya eres mi vida, con tus ojos miopes, y tus manos de leñador y tu espalda-montaña. Seremos iguales para pagar las copas, pero a mí tú me gustas mogollón y me imagino en tus fuertes brazos mientras me untas el paté de cabrales por el cuerpo, y pasándome el revuelto de la casa de tu misma boca, sí perdona, yo con Beefeater, también, sí, estaba pensando en nuestras cosas, claro que te espero mientras vas al servicio, vida mía, mi amor, desconocido mío.
Tras dos horas de pesquisas mutuas remataremos el formulario y estamparemos nuestra firma en todas las hojas por duplicado. Se hará tarde y ya no seremos unos críos. Caminaremos hasta el coche y a tomar por culo el encanto de pedirte el teléfono porque lo tenemos hace quince días de interminables saluditos bip antes de dormirnos.
Otros dos besos, tío, me parece ya demasiada cortesía, y esa manía de respetar el espacio vital una leyenda urbana, por favor, acércate más, rodéame la cintura como si tal cosa, ponme un mechón de pelo tras la oreja, algo, un gesto que nos ahorre la tirantez de la despedida, llámame Nerea, no sé, hijo, algo. No destruyas el Lego Friends que llevamos toda la tarde montando, pieza a pieza, sin mirar las instrucciones, no seas así de bruto. Que se te note la dignitas, los master del universo, tus horas de gimnasio y la capa de superman con la que fantaseé yo en mis más húmedos sueños.

Rellenaremos los huecos con tres frases hechas y miraremos ambos tu reloj de diseño mientras me sueltas:
-¿Te llamo entonces? 

                                           Haz lo que quieras, hijo de puta.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Vete a la mierda

Una vez osé hacerle una crítica de mierda a un escritor profesional porque escribía dos veces la expresión "de mierda" en una reseña literaria que se salía de los estereotipos literarios de mierda, en tanto eran precisamente esos "de mierda" los que le daban una frescura y un desparpajo que sólo he visto yo permitirse a este otro escritor y famoso columnista que se inventaba palabras y del que ahora mismo no recuerdo el nombre. Mi crítica iba en menos de 140 caracteres de mierda, y me dio pie para plantearle una colaboración literaria, de mierda también, que él rechazó elegantemente -supongo que haciendo caso de su instinto- con bellas palabras elegidas al azar, con las que terminaba concluyendo que la mierda, en definitiva, nos es absolutamente necesaria.
Y estuve de acuerdo.
Por ejemplo, está claro que tener un mal día no es comparable a tener un día de mierdaUn mal día lo tiene cualquiera, sí, pero tener un día de mierda es apoteósico, es dramáticamente excesivo, un día descomunal, una bestia parda de día. Cuando le dices a alguien que has tenido un día de mierda poco más hay que añadir al respecto, salvo que sea para matizar texturas y, si procede, el color.
Ni tampoco escuchar lo que opina fulano de mengano se parece lo más mínimo a tener que tragarse las opiniones de mierda del primer cabrón que se te cruza por la mañana en el portal, que además es que ni te interesan. Y llevar una vida de mierda  poco tiene que ver con vivir a secas: se te llena la boca de rencor, con la mierda, te comes todas las pollas de tu vida de golpe, y si consigues que la vibración simple de la punta de tu lengua en la zona alveolar sea bien, pero que bien larga, cuando dices "mierda", más lograrás transmitir al receptor lo patética que es tu vida en ese momento en que te la están peinando. 
Tenemos trabajos de mierda, con sueldos de mierda, algún verano hemos conseguido organizar unas vacaciones de mierda, incluso hay años enteros de mierda, casas, libros, sensaciones y amigos, todos de mierda. Agáchate que no veo una mierda, estoy con la mierda hasta el cuello, aquí no traigas tu mierda que bastante tengo con la mía, ese tío es un mierda, mucha mierda esta noche, comemierda, pisamierdas, me cago en mis mierdas (redundancia, para mi gusto), esta no se come hoy una mierda, me importa una mierda lo que tú digas, hoy nos cogemos una mierda y una mierda que te comas tú, cabrón.

La mierda está presente en nuestras vidas desde el primer meconio, y a partir de ahí, todo será una mierda. ¿Que habrá mierdas más bonitas que otras? ¿Que en algún momento nos parecerá que somos felices y podemos con todo? Ya vendrá alguno a restregarte la mierda por la cara, no te preocupes. O a decirte que la mierda flota y que te vayas por la sombra que la mierda al sol se seca, para rematar filosóficamente que el día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.







miércoles, 13 de agosto de 2014

Yo quiero follar contigo

Y medirte las cuencas de los ojos con el metro de mi lengua, trasteando con pestañas, de parranda. [Las pestañas son cada uno de los pelos que hay en los bordes de los párpados para la defensa de los ojos, y unas putas.Enroscar mis manos en tu espalda, por evitar los estragos de tu nuca, y preparar dos cafés con leche y ensaladilla rusa y las clases de mañana. Cogerte los apuntes de las mismas babas, asombrarte con un test de velocidad de descarga por sorpresa o catapultarte a la fama. Nosotras parimos, pero tú eliges, que para eso eres el tobogán de mi colegio.

Yo quiero follar contigo y amerizar en tu boca mientras das una calada a mi manzana. Y soportar la idea de lo efímero con mi mejor galope, el de domingos, ni se te ocurra proponerme abandonar tu cama antes de vísperas o nonas.Y si te lo digo a la cara nos toca el extra de verano y nos vamos a vivir a tu cisterna. Ahora que me acuerdo, escupirnos es como ducharnos juntos, pero sin jabón que arbitre nuestros juegos. Una vez te contaré aquel asunto en el que hice tanta espuma que me creyeron profesor de Historia Moderna [La Edad Moderna es el tercero de los periodos históricos en los que se divide tradicionalmente en Occidente la Historia Universal, y un tipo de droga muy apreciado por sus propiedades alucinógenas.]

Yo quiero follar contigo porque callas, y porque los gemidos los dejamos para las tostadas del día siguiente, cuando anochezca y tengamos que ir a darnos cuenta de lo solos que estamos. Y también porque no hablas, ni preguntas si he matriculado a mis venas en tu carne, o si he traído el escozor puesto. Y porque no dices nada si le pongo minifalda a nuestras ganas, somos sus padres y las vestimos como quiero. Fírmales las notas, vida mía, que se te note la potestas por debajo de la sábana, empinada, altiva, chorreante. [La soberbia es un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás, y una postura del kama sutra.]

Yo quiero follar contigo, y no se hable más de lo importante.