Me subo el largo de la falda y me instalo detrás de la gasolinera, siempre que la decadencia así lo aconseja.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Otonio. II

-Buenas tardes, venía a recoger el encargo que hice ayer por teléfono.

Fue lo único que acerté a decir. El mostrador le cedió galantemente el paso a un apuesto Otoño que llevaba dos grandes bolsas de hojas de arce real en las manos. 
Impecable. Traje recto -tres botones-, pelo revuelto, mirada Lazarillo y pecho palomo.
Se le notaba en la entrepierna que estaba a punto de marcharse, tan abultada, imparable. A quién se irá a follar éste, recuerdo que pensé mientras observaba cómo barnizaba dos proyectos de la clase de ciencias con forma de cadena montañosa. Eyacular es un proceso, estaba claro.
Si me miró, fue mientras yo quitaba telarañas del micrófono que servía para ratificar los pedidos. Seguí las instrucciones y, apoyando levemente mis labios en la espuma protectora, susurré mi nick de Twitter y la talla de mi lengua. El sonido se propaló por toda la tienda, y de repente Otoño se acercó bizqueando hasta donde yo estaba y empezó a desabrocharme el abrigo.
-Así que eres tú... -se dijo, sopesando el tejido de mis bragas.

Cuando salí hacía un frío de cojones.

1 comentario:

  1. Tu forma de escribir es excelente.

    http://www.azucarycenizas.blogspot.com.es

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