Me subo el largo de la falda y me instalo detrás de la gasolinera, siempre que la decadencia así lo aconseja.

viernes, 17 de mayo de 2013

El cansancio y sus posibilidades.


"Estoy muy cansada..."

1. Agarra su cintura con las dos manos, como para darle a entender que el universo se expande, vale, pero que ahí concentras tú en ese momento toda la saliva que seas capaz de producir antes de besar su boca. En su cintura.
Acerca sigilosamente sus senos al bolsillo de tu camisa blanca para no despertar sospechas. Convalídale con tu mano más diestra las asignaturas que quedaran pendientes en su nuca desde mayo del 68. Enlaza su talle con la otra, acaricia su espalda. Lo típico del baile, ¿sabes?
Invita a que su cuerpo repose en el tuyo, asumiendo como propias sus tensiones y los nudos de sus dedos.
Conviértete en puntal por un momento, hasta que aguantes, y mientras vas dejando síntomas invisibles por su cuello, dile que el cansancio a medias es azul claro, que lo puedes demostrar,  y que la primavera le sienta genial a sus dientes.


2. Hazle entender que ha de sentarse desnuda en tus rodillas, con la espalda recta, apostando cinco vértebras del sacro al Siete. Que no tense ningún arco, que sólo hay una flecha que ahora importa, y ayuda con pequeños besos por la espalda a relajar la carne. Los estofados más tiernos son los que cuecen dos jornadas en tardío fuego. 
Péinale el cabello. Que no se lo espere. Cepilla su melena con ternura como si fuera la de Magdala acicalándose para la fase final de un cuentacuentos. Pasea tus dos manos por sus sienes, recalcula la distancia entre sus hombros, apúntate a unas clases de cerámica, ponle nombre de nuevo a la linde de su culo...
Que barrunte lluvia. Mojarse así tiene que ser factible y cansarse a charcos no provoca muertes.


3. Déjala que se confíe en la modorra, hazte el distante. Ayuda con el peso de tu brazo en su cadera. Ten paciencia suficiente como para dejar que ella crea que ya levaste el ancla. Cuando sientas que respira más despacio, que la bruma de su mente se abre paso a rodillazos, que el cansancio dejó por fin de ser excusa para convertirse en imprudencia, cuando escuches sin fonendo que ya nada puede detenerte, instálate entre sus piernas muy despacio, en aquel lugar donde los ateos se persignan, en el centro de su vida, en su helado de centellas, en el minibar de los mortales.
Y cada vez que pases la lengua clasificando sus poros por sabores, repítele en susurros: "descansa, yo lo hago todo".

4 comentarios:

  1. Impresionante ya no solo por el fondo, impactante por la forma, mucho.

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  2. Me llevo dos, por favor.

    Y me ha dicho mi conciencia que deje de escribir o deje de leerte. Que las dos cosas no son compatibles.

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  3. In illo tempore, cogió la sensualidad de su turgente discurso bajo el brazo y, redoble de maracas mediante, las baldosas de las calles aplaudieron sin decoro el contorno de sus pasos. Que agradecemos el carmín mejillero y que las orejas no tengan párpados.

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  4. Me ha gustado.Mucho.Nada parecido a la que tuitea."mojarse asi tiene que ser factible y cansarse a charcos no provoca muertes".Intensamente sublime.

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