Me subo el largo de la falda y me instalo detrás de la gasolinera, siempre que la decadencia así lo aconseja.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Vete a la mierda

Una vez osé hacerle una crítica de mierda a un escritor profesional porque escribía dos veces la expresión "de mierda" en una reseña literaria que se salía de los estereotipos literarios de mierda, en tanto eran precisamente esos "de mierda" los que le daban una frescura y un desparpajo que sólo he visto yo permitirse a este otro escritor y famoso columnista que se inventaba palabras y del que ahora mismo no recuerdo el nombre. Mi crítica iba en menos de 140 caracteres de mierda, y me dio pie para plantearle una colaboración literaria, de mierda también, que él rechazó elegantemente -supongo que haciendo caso de su instinto- con bellas palabras elegidas al azar, con las que terminaba concluyendo que la mierda, en definitiva, nos es absolutamente necesaria.
Y estuve de acuerdo.
Por ejemplo, está claro que tener un mal día no es comparable a tener un día de mierdaUn mal día lo tiene cualquiera, sí, pero tener un día de mierda es apoteósico, es dramáticamente excesivo, un día descomunal, una bestia parda de día. Cuando le dices a alguien que has tenido un día de mierda poco más hay que añadir al respecto, salvo que sea para matizar texturas y, si procede, el color.
Ni tampoco escuchar lo que opina fulano de mengano se parece lo más mínimo a tener que tragarse las opiniones de mierda del primer cabrón que se te cruza por la mañana en el portal, que además es que ni te interesan. Y llevar una vida de mierda poco tiene que ver con vivir a secas: se te llena la boca de rencor, con la mierda, te comes todas las pollas de tu vida de golpe, y si consigues  que la vibración simple de la punta de tu lengua en la zona alveolar sea bien, pero que bien larga, cuando dices "mierda", más lograrás transmitir al receptor lo patética que es tu vida en ese momento en que te la están peinando. 
Tenemos trabajos de mierda, con sueldos de mierda, algún verano hemos conseguido organizar unas vacaciones de mierda, incluso hay años enteros de mierda, casas, libros, sensaciones y amigos, todos de mierda. Agáchate que no veo una mierda, estoy con la mierda hasta el cuello, aquí no traigas tu mierda que bastante tengo con la mía, ese tío es un mierda, mucha mierda esta noche, comemierda, pisamierdas, me cago en mis mierdas (redundancia, para mi gusto), esta no se come hoy una mierda, me importa una mierda lo que tú digas, hoy nos cogemos una mierda y una mierda que te comas tú, cabrón.

La mierda está presente en nuestras vidas desde el primer meconio, y a partir de ahí, todo será una mierda. ¿Que habrá mierdas más bonitas que otras? ¿Que en algún momento nos parecerá que somos felices y podemos con todo? Ya vendrá alguno a restregarte la mierda por la cara, no te preocupes. O a decirte que la mierda flota y que te vayas por la sombra que la mierda al sol se seca, para rematar filosóficamente que el día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo.





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